La evolución de la tecnología ha sido crucial en la modificación de estilos de vida hacia hábitos más saludables. En un contexto donde las enfermedades crónicas no transmisibles están al alza, la tecnología ofrece herramientas para su prevención y gestión. Aplicaciones móviles, dispositivos portátiles y plataformas en línea permiten personalizar y facilitar el acceso a información sobre actividad física y bienestar.
El auge de la telemedicina es otro resultado de esta transformación, ya que posibilita la atención médica a distancia y un seguimiento cercano de la salud del paciente, incluso desde casa. Además, la inteligencia artificial y el big data han desarrollado programas que personalizan experiencias de salud, aumentando la motivación para el cambio y la adopción de hábitos más saludables.
A pesar de los beneficios, las herramientas de salud electrónica muchas veces enfrentan desafíos relacionados con su aceptación y efectividad. La falta de interacción entre los desarrolladores, profesionales de salud, usuarios finales e investigadores genera un vacío conocido como el “Great GApp”, que dificulta la adherencia a estos recursos tecnológicos.
Es fundamental que los desarrollos tecnológicos en salud integren de manera eficiente las necesidades de todos los involucrados, desde usuarios que desean aplicaciones fáciles de usar, hasta profesionales que buscan integrar tratamientos en plataformas digitales con éxito, y académicos que procuran rigor científico y validación en estas herramientas.
El diseño centrado en el usuario es clave para crear soluciones tecnológicas efectivas y satisfacer las necesidades del usuario final. Al involucrar a los pacientes y profesionales de la salud en el proceso de diseño, se alinean las expectativas, lo que incrementa la adherencia y aceptación de la tecnología.
Esta metodología de desarrollo busca resolver el Great GApp al reunir a todos los actores desde el inicio, garantizando que se aborden barreras como la usabilidad y funcionalidad percibida. De esta forma, las aplicaciones tecnológicas pueden adaptarse mejor a las rutinas diarias y necesidades de los usuarios.
Nuestro equipo propone un modelo de diseño iterativo y colaborativo con cuatro pasos fundamentales. Este enfoque asegura que la tecnología sea efectiva, intuitiva y adecuada para el usuario final, resultando en soluciones tecnológicas que faciliten beneficios tangibles en la vida diaria de las personas.
La integración de la tecnología en el ámbito de la salud representa un cambio significativo, mejorando el acceso y gestión de la información personal de salud. Al centrarse en el usuario final, se maximiza el impacto positivo en su vida diaria, facilitando la adopción de hábitos saludables de una manera natural y efectiva.
Es esencial que la tecnología sea intuitiva y se adapte a las necesidades del usuario, en lugar de requerir que el usuario cambie para utilizarla. Este enfoque promueve un uso más sostenido y satisfactorio de las innovaciones tecnológicas en salud.
El desarrollo de aplicaciones y tecnologías de salud debe ser alineado con un marco colaborativo e iterativo que involucre a todos los interesados desde el inicio. Asegurando que las soluciones tecnológicas sean prácticas y aplicables, se mejora la aceptación y eficacia de las mismas, promoviendo un entorno de innovación continua.
La metodología centrada en el usuario es adaptable a diferentes contextos tecnológicos, asegurando que las aplicaciones desarrolladas cumplan con los estándares de calidad, seguridad y personalización, esenciales en el ámbito de la salud digital.